domingo, 17 de junio de 2012

Burla, burlando... (y van dos, diría Nanci)


     En estos días  he asignado como tarea a mis alumnos redactar un cuento sobre algo que les hubiera ocurrido recientemente o a otros, que les hubiera impresionado. Y bueno no los he leído todos, pero una niña cuya familia vive a unos 45 minutos de la ciudad, en “el campo”, escribió la historia de un tío suyo que viajaba a verse un problema del corazón en un hospital de Valencia. El señor  vino para su última cita, hace un mes, con su hijo, su esposa y su nieto; tomó el transporte, un jeep (un jip, escribe la niña) y en el trayecto al vehículo se le partió la “puntadeje” y se fue por un precipicio. El saldo: el tío muerto, chofer y niño con heridas serias, su tía política a partir de entonces, en el hospital, inválida,  ausente,  sin reconocer a nadie. La niña cuenta que los médicos, al principio “no contaban con vida de ella” y que los otros hijos   van a verla y la señora les pregunta qué quienes son, qué porqué ella está ahí, que porqué no los recuerda, ni a nadie de su familia. 
     Llamé a Nanci B. para que me contara algunas cosas que por asunto de mi educada  sintaxis no me habían quedado muy claras,  y, bueno, saber cómo estaba ella puesto que una semana antes me había justificado sus faltas al colegio con la muerte de su tía abuela  tras incendiarse el rancho donde vivía (en el campo). No me supo decir de su estado anímico. En realidad cuando le pregunté cómo se sentía ella, me miró como si ese “ella” por quien yo preguntaba le fuera completamente ajeno, como si fuera el personaje de otro cuento que Nanci jamás había leído y por mucho que Nanci fuera inteligente, como en efecto es, no estaría a su alcance describir, porque  se desconoce. Sólo, y después de pensar un poco, me volvió a relatar la historia de su tío, más que eso, la historia de su tía que no reconoce a nadie, “se le borró todas sus cosas de su mente ni sabe que le pasó ni sabe porqué está en el hospital y tampoco sabe que su esposo Onorio murió por la falla que presentó el carro cuando iba en camino hacia su casa con ella, todos están sanos y salvos, pero Felicia no tiene memoria de recordar sus cosas y está hospitalisada en el Hospital Central de Valencia y como no puede hablar sus hijos yoran” Así tal cual lo escribió Nanci, sin una palabra más, sin una palabra menos,  y recordé entonces aquel relato de  Cortázar (Burla Burlando ya van seis) que comienza:  “Más allá de los cincuenta años empezamos a morirnos poco a poco en otras muertes” Disiento de Cortázar: no es más allá de los cincuenta años, es siempre… sólo que a partir de los cincuenta tomamos conciencia de ello…
     Nanci tuvo la amabilidad de ilustrarme su cuento. Lamento no poder reproducir literalmente el dibujo de un carro con la señora adentro, en medio de un camino cuyos árboles están al revés o acostados en el aire, y su tío sobre el suelo, con un corazón que ahora le ocupa toda la parte superior del cuerpo. Su tío riéndose.



domingo, 15 de abril de 2012

Dauphins des rêves

No hay mucho que decir sobre este video que dejo aquí. Lo más, que espero que lo escuchen, que se regalen estos minutos y lo escuchen. Y que lo hagan recostados o simplemente sentados frente a su ordenador. Cierren sus ojos, los delfines no importan cuando en nuestros oídos  está el sonido mágico del mar y el sonido de esas maravillosas criaturas.
Son días estos de agitación y de desorden, de modo que un rato que nos regalemos de total "drogadicción" auditiva, no debe ser malo. Es completamente relajante. Si usted no se relaja con esto, es hora de ir a la farmacia, comprarse y beberse el frasco completo de lexotanil, o beberse unas 5 botellas de whisky o fumarse un "porro" de aquello "que te conté". O todas las anteriores, mis amigos.

martes, 3 de abril de 2012

La Vida

El mismo río de vida que circula por mis venas noche y día, circula por las venas del mundo y canta, en lo hondo, con pulso musical.
Y es una vida idéntica a la mía la que a través del polvo de la tierra alza su verde alegría en innúmeras briznas de hierba, y estalla en olas tiernas y furiosas de hojas y flores. 

Y la misma vida, hecha flujo y reflujo, mece al océano, cuna del nacimiento y de la muerte. 
 Mis sentidos se exaltan al tocar esta vida universal. Y siento la embriaguez de que sea en mi sangre donde en este momento palpita y danza el latido de la vida que huye a través del tiempo.



Rabindranath Tagore



miércoles, 29 de febrero de 2012

La Generación Imbécil

No, es que de sólo imaginarme que estos serán los maestros de mis nietos, los médicos de mis nietos, los dirigentes de mis nietos, los que harán los programas de televisión para mis nietos, y si me pongo cínica, los que continuarán con una de  revolución en este país, a mí me da un escalofrío, pero ¡un escalofrío! ¡Nojoda!


domingo, 26 de febrero de 2012

THE HELP VERSUS KRAMER

Iba a hablar de The Help, la pieza cinematográfica conocida en español como Vidas cruzadas, por cuyas actuaciones, y con tanta razón,  Viola Davis y Octavia Spencer están nominadas a un Oscar en las categorías de mejor actriz y mejor actriz de reparto, respectivamente. La película no es una joya del séptimo arte como dirían los entendidos en la materia, pero por el trabajo impecable de estas dos señoras, vale la rabia verla.  No obstante el racismo era mi tema,  no obstante quería decir que me quedo con El Color Púrpura para entender y recordar el significado de ser negro, no obstante eso, tropecé “comenzandito”  con otro film  que jamás tuve la suerte de ver: Kramer versus Kramer (1979)
Entonces se me olvidó la indignación que me produjo la amita cuando acusó a la esclava de robarse un cubierto de la vajilla, olvidé que pensé que en estas películas  siempre hay un blanco o una blanca erigiéndose como héroes ante los ojos de los espectadores por la única gracia de sentir lástima por los negros; se me olvidó en fin  la frustración de reconocer que el racismo es un problema que todavía nos alcanza,  que sin ir muy lejos, una de las grandes tragedias de la Oposición de este país no es sólo  tener en Miraflores un pata en el suelo, sino uno de pelo niche y con grotescos rasgos de un vulgar negro, valga la redundancia.
Kramer versus Kramer, como recordará el lector,  es una película masculina, si se quiere machista, pues muy probablemente   usted  terminó odiando a Meryl Streep, usted terminó cuestionándola, usted terminó preguntándole  ¿qué es eso, chica, de irte y que a ocuparte de ti, sin importarte la suerte de tu  marido e hijo? Y es que si usted no lloró de pena y de ternura con la  primera mitad de la película, que es en resumen  el vía crucis del padre intentando hacer las labores propias de la mujer-esposa-madre, usted en el pecho lo que tiene es un riñón.
Pero el ataque de Alzhaimer que mencioné arriba, no me lo produjo el drama de un hombre (Dustin Hoffman) que por rendir demasiado culto a su trabajo, es abandonado por su esposa (Meryl Streep), ni que en medio de ese trance, haya aprendido a ser padre. Lo que en realidad  lo provocó fue  la escena más perfecta que he visto entre  estos dos inmensos de la actuación, en la cual Ted Kramer tuvo el  más sublime acto de amor, de los tantos que quiso plantear la cinta. La escena transcurre en pleno juicio por la custodia del hijo, cuando el abogado de Ted, finalmente le pregunta a la mujer ¿Considera  usted que en el proyecto más importante de su vida (la familia) fracasó? Y se hizo el silencio. Y en aquella mudez yo, por el preciosísimo rostro de Mery Streep, vi pasar Los Heraldos Negros. Cada mirada de aquella mujer, cada compás con que su respiración marcó el silencio, cada lágrima, era un verso del poema de Vallejo. El clímax emocional de la escena se alcanza, y he allí el más grande gesto de amor, cuando su esposo, mirándola, le hace un gesto de negación con la cabeza, acompañado de su  voz bajísima diciéndole que  no… que diga que no. Ese momento bastó para plantearme otro concepto del amor: ese por el cual tendemos a cuidar, a proteger, a los que amamos, incluso hasta de ellos mismos e incluso a costa de nuestro propio sacrificio.